Al mal tiempo…

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Al mal tiempo…

Antonio Magaña

“La tendencia no nos favorece”, con esa frase, en 1989, Luis Donaldo Colosio Murrieta reconoció la derrota del PRI en las elecciones a gobernador de Baja California.

Con el mensaje, inauguró formalmente las derrotas del tricolor a nivel nacional y convirtió “a las tendencias electorales”  en un lugar común de la política nacional.

Antes de aquella elección, los priístas se auto engañaban, simulaban, desestimaban los claros indicios del inminente fracaso. Para ellos era inconcebible la derrota.

Cuando se les cuestionaba a sus dirigentes sobre un posible fracaso electoral, levantaban la mano derecha y, con la “V” de la victoria en todo lo alto, gritaban: ¡Vamos a ganar!

Pero la derrota fue contundente. Los alquimistas electorales y sus mapaches no pudieron hacer gran cosa con las ocho urnas que se robaron en Tijuana, además de que fueron apaciguados desde la sede nacional del PRI.

A la medianoche de aquel domingo de elecciones, el edificio del PRI se quedó solo, a oscuras, con los preparativos para la fiesta abandonados en la penumbra.

Con el  descalabro, los priístas quedaron aturdidos, desconcertados, asustados. No concebían que su partido, el  invencible, creado para conservar el poder, cayera derrotado de esa manera.

Poco a poco pasaron del desconsuelo a la rabia: Acusaron a Colosio de traidor, de negociar la elección con el PAN, a cambio de que ese partido reconociera a Carlos Salinas como presidente legítimo.

Aquel revés fue un shock para los disímbolos integrantes de la familia revolucionaria, quienes fueron obligados a dejar el presupuesto, el palacio, la casa y los principales puestos  del Gobierno.

“Es muy difícil reconocer la derrota”, comentó aquel ardoroso verano, con la voz enronquecida, el entonces pastor del PRI estatal, Eduardo Manuel Martínez Palomera.

Con el paso del tiempo, los priístas se resignaron, aprendieron a ser oposición y a competir, y a perder una vez y otra también: Se acostumbraron a perder, más que a ganar.

Un caso emblemático es el de Guillermo Aldrete Hass, quien sonrió cuando ganó una diputación local en el 2004, pero no dejó de sonreír cuando perdió la senaduría en el 2006, ni la diputación federal en el 2009.

Los espacios que dejaron los priístas, en 1989, fueron llenados por  miembros del blanquiazul, por priístas conversos y hordas de pancistas y oportunistas.

El gobierno del PAN se empezó a parecer al PRI-gobierno: Perfeccionaron los vicios y prácticas perversas que criticaban a su antecesor y armaron una eficiente maquinaria electoral.

Muchos jóvenes panistas iniciaron su carrera política a la sombra del gobierno del cambio, hasta el 2010 no conocían la derrota.

Algunos de ellos participaron en las pasadas contiendas electorales y perdieron. Cuando acariciaron una diputación o presidencia municipal, jamás contemplaron un escenario catastrófico.

La paliza los dejó aleteando sin ton ni son, como pollos recién degollados. Su frustración y amargura es tan grande, o más, como la que sintieron los priístas en el 89.

No aceptan lo sucedido, porque para ellos la elección era un mero trámite.  Algunos se sienten abatidos, desanimados, no quieren salir a la luz pública, porque les duele sentirse perdedores.

Otros andan enojados, no buscan quién se las hizo, sino quien se las pague. Culpan de su derrota a Calderón, a Osuna, a Ramos de “Santa Anna”, a “Simpatías” Valdés, al terremoto, al voto duro del PAN, a Carlos “Claus”, a la clase media…

Sienten odio por los triunfadores, por su asesores, por sus coordinadores de campaña, por los periodistas, por los medios de comunicación, por los ciudadanos que no votaron por ellos.

Es comprensible su frustración, pues sus sueños se hicieron polvo. Pero ojalá que pronto asimilen la realidad y saquen provecho de la amarga experiencia; que acepten es saludable la alternancia que empiezan a vivir en carne propia.

Ojalá que aprendan a sonreír en la victoria, y a no entristecerse en la derrota; que sigan el ejemplo de Guillermo Aldrete, aunque no sea de su partido.

Refilón: ¿Quién se benefició, con la concesión del Relleno Sanitario de la ciudad de Tijuana?

Traje a la medida para concesionar el Relleno: El reglamento de concesiones del Ayuntamiento de Mexicali se modificó el pasado mes de abril.

“Soy de armas tomar”:  Nos mandó decir el Alcalde Rodolfo Valdez Gutiérrez. Tomamos nota y lo responsabilizamos de cualquier cosa que le suceda a nuestra familia, colaboradores y a nuestra persona.

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