Participación ciudadana y desastres

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Participación ciudadana y desastres

Antonio Magaña

“El Notario del Desierto” no se acuerda del terremoto de 1940, porque todavía estaba en el vientre de su madre. El sismo del cuatro de abril, “el que con más fuerza ha sentido”, lo sorprendió en el cine.

Ante la magnitud del cataclismo, el escribano dio fe del renacimiento, de los asomos del instinto primigenio ante lo inexplicable; de la capacidad de asombro, vulnerabilidad y fragilidad del ser humano.

A más de diez días de la sacudida, todavía no pasa la alerta, ni se terminan de evaluar los daños económicos, sociales, sicológicos, políticos, culturales, ecológicos y territoriales que dejó el temblor.

En un minuto quedaron impactadas miles de personas y su patrimonio, el medio ambiente y cientos de bienes materiales.

“El Notario” se pregunta: “¿Estábamos prevenidos para recibir un temblor de esta magnitud? ¿Cuál será la capacidad de recuperación de la sociedad, afectada por el sismo, en el corto y largo plazo?”

Por aquí y por allá surgen centros de acopio para los damnificados, hasta donde llegan agua, latas, frijol y arroz. Sin ton ni son, salen caravanas al Valle de Mexicali para repartir los víveres, pero la ayuda no siempre llega a quienes más lo necesitan.

La mezquindad humana reaparece. De súbito surgen los acaparadores de despensas. Hay cientos de personas que esperan a que lleguen trabajadores, pagados por el Estado, para que les limpien o reparen sus viviendas.

En las comunidades se observan las acciones del poder público, pero no la gestión comunitaria ni el trabajo solidario de los vecinos, de la iglesia, del magisterio o de los universitarios.

Los canales de comunicación entre los científicos y técnicos con los afectados, no se abren. El monólogo gubernamental sobre los efectos del temblor, y los llamados para enfrentar de manera organizada la emergencia, no son efectivos.

Perturbado, el notario pueblerino se pregunta: “¿Por qué la sociedad parece ausente? ¿En dónde está la participación ciudadana, ante la evolución del desastre? ¿En dónde están los líderes de la comunidad? ¿En dónde las acciones organizadas de la ciudadanía, y de sus organizaciones? ¿Para qué sirve la Ley de Participación Ciudadana?”

Recuerda que en el pasado existía el Jefe de Manzana, personaje con nombramiento honorario, sin remuneración, cuya función primordial era el enlace entre la autoridad municipal y la ciudadanía.

Su domicilio era el punto de convergencia para canalizar la información de lo que sucedía en el barrio. Comenta que en algunos estados esa figura sobrevive, con las siguientes facultades:

‘Verificar e informar sobre construcciones nuevas, remodelaciones, demoliciones, presencia de apilamientos irregulares de materiales de construcción en la banqueta, daños en la vía pública, construcciones en riesgo, invasiones a predios baldíos o a la vía pública.

“Monitorear situaciones de contaminación visual, de imagen, anuncios, graffiti, ruidos, olores, orden, limpieza, giros molestos a la convivencia y festejos desmedidos. En fin, constituyen un centro de difusión hacía la autoridad constituida y hacia la ciudadanía”.

Los jefes de manzana fueron una herramienta de participación ciudadana que cayó en desgracia y, poco a poco, aquellos letreros que con cierto orgullo se mostraban en los cercos de algunas casas, fueron retirados.

“El Notario del Desierto” piensa que se extinguieron porque tenían un tufillo a fascismo, y lejos de buscar que la sociedad se organizara de forma democrática, participativa e indirecta, utilizaban su nombramiento para su beneficio o para informar al partido en el poder lo que sucedía en el barrio.

A pesar de los pesares, cree que la figura de los jefes de manzana, juntas de vecinos o cualquier otro esquema de participación ciudadana, que permita afrontar los desastres naturales y conducir ágil y equitativamente los esfuerzos de reparación y reconstrucción se deben revivir, arropar y promover, con una reglamentación clara y sencilla, con la advertencia de que la asamblea se constituye con los interesados que concurran, independientemente de que no sean todos los que son.

Refilón: El Renaut y el Renave son primos hermanos.

Otras secuelas del terremoto: El diputado “Palaco”, Víctor González Ortega, regresó al Congreso del Estado muerto de la risa.

Aunque usted no lo crea: El diputado González Ortega es el presidente de la Comisión de Vivienda, tan importante en estos momentos…

One Response to “Participación ciudadana y desastres”

  1. diaz dice:

    Los ciudadanos estamos muy indignados por la manera que el gobierno esta actuando al decomisar víveres en los centros de acopio los cuales han sido donados por los mismos ciudadanos con el afán de hacer creer a los damnificados que la ayuda proviene del gobierno. Es importante mencionar que nuestras donaciones son llevadas a los medios de comunicacion por el temor de que el gobierno se apodere y tome ventaja de ellas. Pero a consecuencia de este acto, al gobierno le tocará pagar el precio en las próximas elecciones.

    Atte.

    Ciudadana indignada


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